Ayer fui por primera vez en mi vida a un gimnasio. Es una de esas cosas que realmente nunca me ha llamado la atención, pero que, viendo la evolución de mi barriga y de mi papada, se estaba convirtiendo en algo realmente necesario. Me resulta raro que siempre he sido una persona delgada (alguna vez en exceso), y que nunca había engordado tanto como ahora. Supongo que ahora, al ser mi vida terriblemente sedentaria, empiezo a sufrir las consecuencias.
La verdad es que el gimnasio es bastante grande, tiene máquinas por todos lados, televisores con canales de pago para ver la tele mientras haces ejercicio, salas para hacer "spining" y otras para aerobic y otras disciplinas... pero bueno, el monitor que me han asignado, me ha dicho que debo empezar flojito, a pesar que acabé sudando tinta china; algo que hace mucho tiempo que no me pasaba.
Y así, poco a poco, voy haciendo cosas nuevas, cosas que quizá, hace algún tiempo, no me atrevía a hacer. Y además solo, como antes solía hacer. E incomprensiblemente, eso me hace sentir bien.
Por cierto, he ido a matricularme a la facultad y ya empieza el tratado de Bolonia a hacer estragos. Maldigo y remaldigo a la comunidad europea y sus normas segregacionistas.
Por sorpresa
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Sonó el interfono y volvió a sonar: dos, tres, cuatro veces. Lidia dormía
tan profundamente a su lado que no se enteró de nada. Jesús se levantó de
la cama...
Hace 6 años
