Hace calor, las maquinas del café y de los refrescos no funcionan. Es de noche y tengo sueño, pues ya llevo 15 horas trabajando. No es que realmente me queje, pues es lo que he elegido, podría perfectamente haber dicho que no, y no lo hice en su momento.
Pero a pesar de todo, hoy me siento cansado.
No quiero aburrir con mis historias de empleado trasnochado, aunque aquí hoy tenemos algo de jaleo, pero no es demasiado; por lo menos me da tiempo a escribir alguna cosilla por este espacio que tan abandonado tengo. No por falta de tiempo, sino que por falta de ideas.
Hoy os quiero hablar de Venancio. Este “pequeño gigante” es un anciano que vive en un distrito de Madrid, y que, por cierto, es alumno de Jordan Baker. (si no lo he dicho antes, Jordan Baker enseña a gente de diversos grupos de edad a utilizar internet. Un trabajo muy bonito, pero injustamente pagado y con poco personal), quien le ayuda con el blog que ha creado, a pesar que por falta de tiempo no puede hacer demasiado.
Bueno... Venancio habla de cosas de gente de su edad: de toros, de problemas de salud, de un encuentro que tuvo con unas meretrices (totalmente cierto pero, por lo que he leido, dice que no aceptó los servicios de las damas), y sobre todo, es la charla de un hombre solo, de un drama que viven todas las ciudades del mundo: La soledad del anciano.
Cuando digo que habla de soledad, me refiero a que es un hombre viudo, que vive solo en una casa, y que tiene hijos, pero éstos por orden de sus cónyuges, no los controlan todo lo que están obligados, por el compromiso que tienen los hijos con los padres.
Venancio es un ejemplo más de todos los ancianos que, en Madrid que es la ciudad donde habito, viven la soledad con estoicismo y con resignación, simplemente esperando a que la muerte les llegue como el autobús llega a la parada. Desde que estoy trabajando para hospitales no dejo de ver estas situaciones día si y día también, y cómo en el momento que les llega la muerte están todos los familiares al lado para ver quien va a heredar las propiedades del finado (incluso hay discusiones entre los familiares, con el cadáver aún caliente), sin ningún cargo de conciencia.
El caso de Venancio es muy curioso; quien decide lo que tiene que hacer es su nuera, pues su hijo no pincha ni corta: su hijo no va a verle, porque su nuera no quiere, pero, sin embargo, cuando el pensó en contratar una persona para que le hiciera compañía, pues un señor de edad avanzada no puede hacerse cargo de un hogar sin ayuda, ella se negó rotundamente.
Y digo yo, ¿Por qué hay hombres tan calzonazos que permiten esto? No quiero que esto parezca un comentario machista, pero es que se da sobre todo en los hombres, al menos en la enorme cantidad de los casos en los que me he encontrado como testigo, siendo siempre su mujer la que decide lo que tiene que hacer con sus padres; y en algunos casos, la susodicha lo unico que quiere es que el viejo se pudra (como es este caso), para poder vender el piso, divorciarse del marido, dejarle sin un céntimo y comprarse un chalet para estar retozando con un tipo mas joven (casos como este conozco tres).
De verdad, yo perdí a mis abuelos demasiado pronto, no pude dedicarles, por razón de edad, la atención que pudieron precisar en algún momento. A pesar de ello, la familia no les abandonó. A mi me entristece, cada vez que lo pienso, que no hubiera tenido tiempo de conocerlos más, de que me hubieran esperado para hablar con ellos de la vida, de que me hubieran contado las cosas que vieron y que ya no existen, la experiencia de su andar por la vida... todas esas cosas que sólo los ancianos pueden tener, y que únicamente los años otorgan.
Por lo tanto, me sorprende cuando la gente que tiene abuelos me dice que tiene a sus abuelos descuidados, incluso algunos pasan de ellos.
Ahora, hablando del tema que empecé, el blog de Venancio, os cuento que no es un blog con muchas pretensiones, es más o menos como este, con pocos enlaces y con muchas, muchas palabras. He de reconocer que algunas veces cuesta mucho entender las cosas que dice el blog, pero bueno, si te apetece entretenerte, puedes ponerte a leerlo, y conseguir entender en algunos casos las cosas que quiere decir.
Gracias a todos.
Por sorpresa
-
Sonó el interfono y volvió a sonar: dos, tres, cuatro veces. Lidia dormía
tan profundamente a su lado que no se enteró de nada. Jesús se levantó de
la cama...
Hace 5 años